“El
sonido musical llega a rincones del cerebro que no alcanza el lenguaje, toca
emociones inabordables de otra forma –afirma el doctor Antoni Bulbena,
psiquiatra del Hospital del Mar y concertista de guitarra clásica–. Un estudio
publicado por la revista Nature demostró que la sonata 448 de Mozart modifica
la respuesta de un enfermo en coma y puede normalizar una crisis epiléptica. Lo
llaman el efecto Mozart´´.
“La
música de Mozart es capaz de restablecer en el ser humano la armonía perdida
–explican–. Es una composición que se acompasa con los ritmos fisiológicos y
neurovegetativos de un niño´´.
la
validez de la música como estímulo y ayuda, se considera muy eficaz para niños
con síndrome de Down, y, muy especialmente, al tratar a personas con autismo
inteligentes, afectados por el síndrome de Savant. “Esos niños (un 10% de las
personas con autismo) tienen alterado el hemisferio cerebral izquierdo, y la
música les permite desarrollar el derecho, que se ocupa de la creatividad y la
intuición”
Escuchando
un concierto, y sin haber estudiado nada de música, un niño con autismo
inteligente de 5 años puede reproducir la composición sin saltarse una nota.
“La música les organiza el área cerebral que les permite relacionarse
socialmente –añade–. Esos niños te pueden decir, casi sin pensar, cuántos
segundos tiene la vida de un hombre de 85 años, o en que día de la semana caerá
el 4 de marzo del 2070. La música y la pintura son su contacto con el
exterior´´.
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